lunes, 11 de abril de 2011

orientación para la vida. 2° año de bachillerato.

UNIDAD1.



“CONOCIENDO LA
SEXUALIDAD HUMANA”.




Objetivo:
Analizar, en la etapa del noviazgo, las cualidades de las personas y no sólo su físico a fin de adquirir el compromiso de cultivar hábitos y costumbres sustentados en principios de respeto y no violencia hacia la diversidad de ideas, asumiendo con naturalidad y responsabilidad los cambios psico-sociales y sexuales que experimenta en su vida afectiva.

CONTENIDOS:

1.   El noviazgo.
1.1.                Características de la amistad.
1.2.                 Enamoramiento (emoción, pasión, sentimientos,         inteligencia y voluntad).
1.3.                El noviazgo.

2.   Construcción social de la masculinidad y feminidad.

3.   Sexualidad responsable.
3.1.                 Reproducción responsable.
3.2.                Embarazos a temprana edad.
3.3.                Implicaciones del VIH-SIDA en la vida personal y social.

4.   Control y presión social en el desarrollo de la sexualidad.
4.1.                Presión y control de grupo.
4.2.                Identidad y expectativas sociales (ser y estatus).
4.3.                Machismo y hembrismo.

5.   Diferencias individuales en la sexualidad:
5.1.      Heterosexualidad.
5.2.      Homosexualidad.



1-        El noviazgo.

1.1.         Características de la amistad.
Cualquier persona normal mantiene relaciones amenas y cordiales con cientos de personas, pero con algunas de ellas se genera un vínculo afectivo más intenso que con otras. Aún así, muchas veces no podemos definir si una persona es amiga, casi amiga, o simplemente alguien con quien existe afinidad y nos llevamos bien.
¿Basta con que alguien nos declare su amistad para considerarlo un amigo? ¿Quiénes son nuestros verdaderos amigos y quiénes no? ¿Cómo distinguir a los amigos sinceros de aquellas personas que sólo fingen su amistad para obtener algún beneficio? Para responder todas estas preguntas, es necesario reflexionar sobre la amistad: qué significa, cómo se expresa, cuáles son sus requisitos. ¿Estaremos siendo buenos amigos? ¿Son nuestros amigos todos aquellos que dicen serlo?
El concepto de amistad.
La amistad surge cuando dos o más personas desarrollan un afecto mutuo, desinteresado e incondicional. Un amigo se asemeja a un hermano, pero existe una diferencia fundamental: los amigos no nos vienen dados, podemos elegirlos. En este punto se encuentra la clave del asunto. Los amigos tienen tanta importancia en nuestras vidas justamente porque se trata de relaciones que nosotros mismos decidimos crear y mantener a cada instante. Nada ni nadie nos obliga a soportarlos, como sí puede suceder con ciertos parientes. Por el contrario, la amistad se genera cuando dos personas se eligen mutuamente para compartir parte de sus vidas: experiencias, intereses, conocimientos, actividades, etc.
Es muy difícil encontrar una buena definición de “amistad”, capaz de agotar toda la complejidad de semejante concepto. Algunos la conciben como “una virtud que nos lleva a una relación sólida, profunda, desinteresada y recíproca con otra persona”. Para la Real Academia Española, consiste en el “afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato”.

Características de una relación de amistad.
- Confluencia de las voluntades para establecer y mantener un vínculo de afecto recíproco y confianza mutua. La amistad unilateral no existe. Es una farsa. Si el afecto y la confianza no son recíprocos, no puede haber amistad. Para que exista amistad, es imprescindible que todas las personas involucradas experimenten el deseo de crear ese vínculo. Porque no sólo se trata de crearlo: también se debe mantenerlo, y eso es quizás lo más complicado y apasionante a la vez. Las verdaderas amistades se asemejan a las plantas: requieren cuidado, y se van marchitando si no se las atiende debidamente.
- Continúa actualización, recreación y redefinición. La amistad no es algo estático. Como toda relación humana, varía con la experiencia y el trato cotidiano. Luego de una charla, de compartir una experiencia, seguimos siendo amigos, pero nunca de la misma manera que antes. Cada nueva palabra, cada reacción, cada contestación, cada nueva experiencia compartida va forjando una historia común, que será tenida en cuenta por los amigos en sus futuros intercambios. Entonces, la amistad es una relación que está constantemente actualizándose: se recrea y se redefine constantemente, para mejor o para peor.
-Permanece a lo largo del tiempo, el espacio y los cambios personales. La amistad genuina es indisoluble. El amigo temporario no es un amigo, es otra cosa. Durante el crecimiento físico y mental, vamos cambiando muchas cosas, pero no a los verdaderos amigos. Los amigos de verdad pueden tener profundos desacuerdos, que provoquen apasionadas discusiones muy enriquecedoras, pero tales diferencias jamás resultarán tan grandes como para amenazar la continuidad de la relación amistosa. Antes que el orgullo por tener la razón, siempre se impondrá el afecto, la tolerancia y la aceptación del otro tal como es. Entonces, la amistad no puede más que crecer a lo largo del tiempo, a medida que los amigos van teniendo ocasión de conocerse y comprenderse mejor. Tampoco la distancia amenaza a una amistad verdadera: dos amigos siempre se sentirán cerca uno del otro, se encuentren donde se encuentren, y siempre hallarán la forma de mantener el contacto y la vitalidad del vínculo.
-Es desinteresada. De lo contrario, no hay amistad sino manipulación. La amistad es incompatible con el interés, egoístamente entendido. No busca el beneficio propio, sino el enriquecimiento común. La amistad es el fin de la relación, y no un medio para obtener fines subsiguientes. De lo contrario, no hay que hablar de amistad sino de manipulación: una persona simula ser amiga de otra para conseguir algo de ella. En la amistad, se ve al otro como persona, y se siente interés por conocerla a fondo. En la manipulación, el otro es visto como un instrumento, como una cosa útil a mis propósitos. Las relaciones de manipulación son en muchos casos válidas y necesarias en la vida social, pero jamás no deberían ser confundidas con relaciones de amistad, porque no lo son, ni se le parecen. La amistad debe darse siempre de igual a igual, sin que uno esté dominando ocultamente al otro para sacar una ventaja. El típico caso de una falsa amistad es el de los intercambios que siempre se orientan en un solo sentido: uno siempre da (afecto, bienes, favores, etc.) y el otro siempre recibe, cuando en una amistad verdadera los roles de dador y receptor se intercambian constantemente. Otra forma de manipulación, quizás más oculta e inconsciente, ocurre cuando una persona busca la amistad de otra porque cree que eso la ayudará a superar algún problema personal, a posicionarse mejor en ciertos ámbitos, a relacionarse con la gente que rodea a esa persona, etc.. Por ejemplo, si una persona trata de hacerse amiga de gente extrovertida para superar su timidez, no busca amigos sino instrumentos. Lo mismo ocurre si me hago amigo de una persona para tener ocasión de tratar a alguien que conviva con ella. Entonces, no hay amistad verdadera si la causa de la unión es el interés individual, sea del tipo que sea.
-Puede basarse en intereses y metas comunes. Muchas veces, la amistad se alimenta de cierta cantidad de ideas, objetivos, prioridades, opiniones e intereses, pero estos tienen que ser compartidos. Casi siempre, los amigos comparten filosofías de vida, posiciones políticas, nociones sobre el bien y el mal, etc. Estas coincidencias de fondo hacen tolerable cualquier diferencia superficial y generan una sensación de complicidad que fortalece la amistad.
-Enriquece a ambos. El resultado de una amistad es siempre el beneficio mutuo. Los amigos se ven como iguales, y se ayudan a crecer. Cuando se establece una verdadera relación de confianza, las críticas constructivas de nuestros amigos nos ayudan a mejorar, a desarrollar nuestras potencialidades contando con el juicio sincero de alguien que nos aprecia y que quiere lo mejor para nosotros. La mirada de un amigo siempre complementa y enriquece la mirada propia. El amigo nos presta sus ojos para ver nuestra realidad desde una óptica diferente.
-Genera un compromiso, un deseo de pasar tiempo juntos y un agrado por compartir ideas, gustos y experiencias.
-Despierta un interés y una preocupación genuina. Cada amigo experimenta el deseo de mantenerse al tanto de lo que le pasa al otro: su bienestar, sus problemas, sus logros. Se está atento para apoyarlo cuando haga falta, para celebrar lo que le ocurra de positivo, para apuntalarlo cuando esté por caer.
-Empatía y espontaneidad. Un verdadero amigo tiene una poderosa voluntad de comprender al otro, de ver por qué actúa como lo hace, y de qué formas puede ayudarlo a mejorar. Este interés por descubrir y conocer más profundamente al amigo genera un clima de no agresión, en el que ambos pueden hablar sin miedos y sin temor de ser reprendidos por ser quiénes son y pensar cómo piensan. Entre amigos se puede hablar y actuar con naturalidad, minimizando los frenos sociales que normalmente surgen por temor al rechazo en relaciones de menor confianza e intimidad.
1.2.         Enamoramiento (emoción, pasión, sentimientos,         inteligencia y voluntad).


La emoción  del enamoramiento.

Los hombres, son los que parecen ser más susceptibles a la acción de las sustancias asociadas al amor. Ellos se enamoran más rápida y fácilmente que las mujeres.
El verdadero enamoramiento parece ser que sobreviene cuando se produce en el cerebro la FENILETILAMINA, compuesto orgánico de la familia de las anfetaminas que tiene la capacidad de aumentar la energía física y la lucidez mental.
El cerebro responde a tal compuesto con la secreción de dopamina (inhibe el apetito), norepinefrina y oxitocina, provocando que los enamorados puedan permanecer horas conquetéandose, haciendo el amor o conversando sin sensación alguna de cansancio o sueño. 
Estos compuestos ayudan a forjar lazos permanentes entre la pareja tras la primera oleada de emoción y por si fuera poco hasta fortalecen el sistema inmunológico. En caso contrario, a las personas que tienen menos receptores cerebrales de los que se necesitan para recibir la oxitocina, se les dificulta establecer lazos permanentes con su pareja.
Lamentablemente el período de enamoramiento no es eterno, perdura de 2 a 3 años, incluso a veces más, pero al final la atracción bioquímica decae. Con el tiempo el organismo se va haciendo resistente a los efectos de estas sustancias.
Es entonces cuando comienza una segunda fase donde están presentes otro tipo de sustancias químicas como las endorfinas de estructura similar a la de la morfina y otros opiáceos; los que confieren la sensación común de seguridad, comodidad y paz, dando lugar a la etapa del apego.
La pasión del enamoramiento.
La pasión impide ver los defectos de la persona objeto de este sentimiento, antes al contrario se ve adornada con innumerables cualidades. Aparece a los ojos del apasionado como un ser especial, único en el mundo. La pasión es una fantasía sobre la otra persona, se la idealiza de tal forma que, una vez que este sentimiento finaliza, no se la reconoce. Cuando se ve la realidad objetivamente, cuesta comprender cómo se pudieron haber hecho tantas “locuras” por ella. Muchas veces se desearía no volver a coincidir más con la persona que fue objeto de nuestra pasión porque nos gusta nada de ella, incluso se puede llegar a sentir repulsión hacia ella.
Se podría decir que la pasión es una fuerte atracción física pasajera que lleva a la interacción sexual. Es un ansia, una adicción, que dirige a querer estar siempre cerca de la persona objeto de la pasión.
Los sentimientos del enamoramiento.
Aunque el enamoramiento es vivido como una experiencia única, en realidad existe una gran similitud entre las diferentes personas enamoradas, a pesar de que haya también grandes diferencias individuales.

El sentimiento predominante de la persona enamorada es un intenso deseo de unión con el otro, pero existen, además, otros fenómenos que se dan en la mayoría de las personas cuando se enamoran:
  • En el enamorado existe una exaltación del deseo y la atracción sexual; quiere abrazar y ser abrazado, acariciar y ser acariciado, etc.
  • También predomina el deseo de estar próximo a la otra persona; hay un esfuerzo por mantener el contacto, así como por establecer compromisos.
  • Sentimientos positivos cuando las cosas marchan bien.
  • Sentimientos negativos cuando las cosas no van bien.
¿Se debe usar la inteligencia para enamorarse?
Se cree que para una relación de largo plazo es importante enamorarse de la persona correcta.....
Se debe usar la sabiduría, la razón y el intelecto para poder enamorarse y escoger a la persona indicada?
Dios es quien provee estos dones...

La voluntad y el enamoramiento.
 Tras la primera fase de atracción física y psíquica, se comienza a considerar la posibilidad de que también nosotros le hayamos gustado. Por eso es más fácil enamorar, si esto se pone de manifiesto, de forma más o menos entrevelada. Es el juego de la coquetería.
         Después viene el momento más peligroso, cuando consideramos la posibilidad de enamorarnos. En este punto actúa la voluntad. Si dejamos esta puerta abierta, ya estamos perdidos. El amor se nos cuela sin damos cuenta, y cuando queramos reaccionar, estamos atrapados.
         Se van configurando una serie de procesos que nos alejan de la realidad hasta llegar a un estado, en palabras de Ortega y Gasset, de «imbecilidad transitoria».
         Por un proceso denominado «catatimia», percibimos de otro modo todo lo referente a esa persona. Nuestra afectividad deforma estas percepciones acercándolas a nuestros deseos: la vemos más guapa, más interesante, más inteligente, etc., aunque los demás no estén de acuerdo con nosotros. Por eso se dice que el amor es ciego. Además se produce una «proyección atributiva inconsciente», fenómeno que consiste esencialmente en completar, sin darse cuenta, los aspectos desconocidos de la persona objeto de amor con los atributos que el enamorado desea, por lo que ésta que la idealizada.


1.3.         El noviazgo.
¿Qué es el Noviazgo?
Es una de las etapas más bonitas y disfrutables de la vida del ser humano. Es una relación transitoria entre un hombre y una mujer, la cual les brinda la oportunidad de conocerse más afondo para decidir en un determinado momento pasar a la siguiente fase que es el matrimonio.
En el noviazgo se pasa de la mera simpatía o del simple "gustarse" a una nueva relación de mayor conocimiento y que a su vez debe estar inspirada por el espíritu de entrega, de comprensión, de respeto, de delicadeza.
Existe muchos tipos de noviazgo, algunos se viven como un juego, otros son más cercanos y profundos.
La experiencia demuestra que es mejor que el noviazgo sea breve, entre un año a dos años y medio máximo; más no porque después ya se vuelve una costumbre o se rebasan los límites establecidos, convirtiéndolo en algo ya diferente y no tan satisfactorio como al principio.
Muchos adolescentes confunden sentimientos de amistad y amor, queman etapas sin saborear bien lo que es una auténtica amistad y no dan tiempo para que ésta dé frutos. Piensan que porque se entienden bien con su nueva amistad inmediatamente tienen que ser novios.
2-        Construcción social de la masculinidad y feminidad.
 “La masculinidad y la feminidad no son sólo rasgos del carácter o el aprendizaje de roles sexuales y sociales que se aprenden durante la infancia y la adolescencia para después desarrollarlos en la vida adulta. Por el contrario, hemos de entender la construcción de las identidades sexuales como procesos continuos contradictorios que se definen y redefinen en todas y cada una de las acciones humanas a lo largo del proceso de vida”. (Tomé, 1999).
Culturalmente los estereotipos, los modelos varón-mujer están establecidos. Los varones se forman, tienen vida profesional, compiten, deben ser buenos profesionalmente, son esposos, padres, su vida es su profesión, a nivel sentimental existe una mujer que los ama, los quiere, los cuida, mantiene su hogar y se ocupa de sus hijos.
Por el contrario, la mujer debe ser madre y esposa fiel. Cuida sus hijos, su hogar y espera a un marido que está muy ocupado profesionalmente. Ella se ocupa de la vida privada, de su casa, de sus hijos y del bienestar de su hogar. A nivel profesional no hace falta que triunfe, normalmente una mujer que se ocupe de su familia es una mujer feliz, aunque no tenga vida profesional. Cuando la mujer tiene hijos en muchas ocasiones su vida profesional queda parada, aparcada, porque decide dedicarse “libremente” a sus hijos y a su hogar. Si la mujer decide seguir trabajando, es decir, seguir su vida profesional, intentando compaginar vida personal (familiar) con vida profesional, en la mayoría de las ocasiones, trabaja doblemente (doble jornada), porque las tareas de su hogar (limpiar, fregar, lavar, comprar,...) no son totalmente compartidas con su pareja, casi siempre la mujer lleva el peso de su hogar más su jornada laboral fuera de casa.
Por otro lado, la sociedad marca un modelo de mujer diez, una superwoman: buena madre, buena esposa, buena profesionalmente, siempre guapa, siempre perfecta y la mayoría de las mujeres quieren ser buenas en todo, exigiéndose demasiado y a un ritmo frenético que no es viable, de ahí que surjan desilusiones, depresiones, porque no llegan a ese diez en todo, algo lógico porque son mujeres, personas, pero no superwomen.
A ellos se les exige ser buenos, pero profesionalmente, en la casa, en el hogar, como padres y esposos, sólo tienen que estar presentes, estar pero no se les exige un diez, sólo ser: ser padres, ser esposos, con ello es suficiente.
Estos son los estereotipos, a día de hoy, en el siglo XXI, aún están vigentes, y aunque vamos progresando, desde muy pequeñas a las niñas se les enseña a ser madres, tener hijos, cuidar de ellos, atender las tareas domésticas, y estar muy guapas, muy delgadas y muy bellas siempre, las veinticuatro horas del día. Ellos desde muy pequeños tienen que ser varones: fuertes, valientes, deportistas, competitivos, buenos en su profesión, lo de ser padres y esposos, es secundario.
Son varones y deben ser fogosos sexualmente, pero el compromiso si llega bien y si no, no pasa nada, porque pueden permitirse tener relaciones sin estabilidad, son varones. Las mujeres son chicas, son niñas, y el amor de pareja tiene que llegar debe ser un amor con mayúsculas, desean ser amadas y queridas, tener estabilidad, ser madres y esposas y necesitan la estabilidad.
Como vemos los progresos existen, estamos avanzando pero lentamente, la mujer del siglo XXI es independiente, pero sigue muy unida a su hogar, a su familia, a sus obligaciones de madre y esposa, y vida profesional y personal no son compartidas por ambos, de igual forma, porque la sociedad sigue marcando que la misión por naturaleza de cualquier mujer es ser madre, y su familia y su hogar son su principal obligación y misión. Por el contrario, el varón debe ser quien saque a su familia adelante y quien se dedique por entero a su carrera profesional, por tanto, los estereotipos más triviales en este siglo siguen presentes y yo diría aún más, muy vigentes.
Existen nuevas formas de feminidad y de masculinidad pero está costando mucho que queden manifestadas, porque la mujer sigue normalmente el camino de su pareja y sacrifica su vida profesional por la personal. Esto es algo normal para ellas pero no para ellos.
MASCULINIDAD:
¿Qué es y cómo surge?
Si buscamos en el diccionario de la Real Academia masculinidad nos lo define como “cualidad de masculino. / Lo que es propio exclusivamente del varón. / Aplíquese al derecho y naturaleza de ciertas fundaciones. / Der. v. Mayorazgo de masculinidad.
Masculino, na (del latín masculinus.) Adj. Dícese del ser que está dotado de órganos para fecundar. / Perteneciente o relativo a este ser. / Varonil, enérgico / Género masculino.
Desde el momento de nacer, desde el mismo momento en que cualquier madre da a luz, o si queremos matizar más, incluso desde antes de nacer, los padres que la mayoría de las veces suelen saber el sexo de su futuro bebé imaginan y conciben a su bebé de una determinada manera. Según sea niño/-a, existen una ideas preconcebidas, unos clichés y unas expectativas que vienen designadas por el sexo del bebé. A ello le tenemos que sumar que ese bebé, independientemente de que sea varón o mujer, pertenecerá a un género, masculino o femenino, es decir, a una construcción social inevitable de la que todos y todas somos partícipes.
Estereotipo de la masculinidad
Para profundizar en la masculinidad podríamos indagar en cómo aprenden los chicos a ser varones. ¿Cómo alcanzan un sentido de sí mismos en cuanto que varones a partir del cual construyen su masculinidad? Aprenden el tipo de comportamiento mediante el cual pueden expresarla. Es probable que muchos factores diferentes contribuyan a este sentido de lo “varonil”, pero aquí discutiremos aquellos que parecen tener implicaciones directas para el aprendizaje y la conducta en la escuela.
Existe una visión dominante de los hombres con la que la prensa y otros medios de comunicación nos bombardean constantemente. Dicha visión los presenta como duros, fuertes, agresivos, independientes, valientes, sexualmente activos, inteligentes. En contraposición a la imagen de las mujeres, las cuales son vulnerables, débiles, no agresivas, amables, cariñosas, pasivas, asustadizas, estúpidas, dependientes e inmaduras. Es interesante el hecho de que los términos descriptivos empleados para las mujeres son los mismos que se aplican a los bebés.
Lloyd (1985) señala que esto pone a los jóvenes en una situación de conflicto entre ser jóvenes y ser hombres, con todo lo que implica cada una de las dos alternativas. Esta contradicción es a la vez confusa y complicada, ya que todos los jóvenes se ven afectados por esta visión dominante de la masculinidad, pero ésta viene mediatizada por su posición racial y de clase. Estos estereotipos, además de ser claramente perjudiciales e impedirles desarrollar todo su potencial, contribuyen a que interioricen imágenes sumamente negativas de las chicas y las mujeres.
De todo ello podemos concluir diciendo que desde que son bebés a los chicos se les trata de forma diferente por ser varones, se les habla de forma diferente, se juega con ellos de forma diferente y se espera cosas diferentes de ellos. Nicholson
(1984): “Llévese a un bebé de paseo, pare a las primeras veinte personas que encuentre. Dígales que cojan a “Mark” y le digan qué tipo de bebé es. Repita el proceso. Esta vez preguntando qué piensan de “Mary”. El bebé es el mismo en ambos casos. Cualquiera que sea su verdadero sexo, “Mark” será descrito como rechoncho, mofletudo, travieso y fuerte; mientras que “Mary” la verán como un encanto, una monada, dulce y preciosa”. Cuando el bebé se inquietaba y se suponía que era un niño, lo interpretaban como deseo de jugar, y jugaban con “él”. Cuando creían que era una niña, y empezaba a agitarse, lo interpretaban como un indicio de que “la niña” estaba nerviosa y la acunaban para tranquilizarla.
A los niños se les enseña a exigir atención y a controlar las situaciones para conseguir lo que quieren, mientras que a las niñas se les enseña a ser pasivas y esperar antes de reaccionar. El estereotipo del varón “activo” y la hembra “pasiva” puede aplicarse a muchas situaciones: se espera de los varones que sean “buenos deportistas”, mientras que las mujeres deben aportar roles asistenciales. También se afirma que a los hombres les preocupa más que a las mujeres el hecho de que sus hijos sean “masculinos” y sus hijas “femeninas”. Los niños copian de los héroes que ven en televisión, a los personajes femeninos, cuando los hay se les “ayuda” a salir de situaciones problemáticas. Las niñas juegan con juguetes que imitan los roles “femeninos” adultos como, por ejemplo, cocinitas, aspiradoras de juguete o juegos de té, incluso se las anima a comprar “Mi primer fregadero” y una cabeza a la que pueden maquillar y poner rulos. Por otro lado, a los chicos se les muestra jugando con coches, juguetes mecánicos o monstruos del espacio. La mayoría son juguetes inspirados en las series violentas de dibujos animados, en las cuales el propósito principal es luchar contra un enemigo. Incluso, cuando niñas y niños juegan con un mismo juguete, hemos observado que parecen jugar de formas muy diferentes. Cuando una niña pequeña juega con una muñeca juega a ser “mamá”.
Le da de comer, la lleva a pasear, la baña y la viste. Los niños juegan de forma muy distinta con sus muñecos, toman parte de una elaborada fantasía de luchas y muerte. El juego de las niñas se desarrolla en relación a una segunda persona (la muñeca); los niños son “los héroes” de su propio juego.
La investigación indica que la conciencia de las características propias de cada género se desarrolla a muy temprana edad. El lenguaje que empleamos con los niños pequeños también refuerza las posturas, expectativas y “estereotipos” sobre la conducta “masculina” y “femenina” en esta sociedad. Brown y France (1985) apreciaron a partir de observaciones y grabaciones de audio y video de interacciones entre adultos y niños en guarderías que los apelativos dirigidos a éstos se veían influidos por su género.
Las niñas eran bombardeadas con apelativos cariñosos. “cariño, tesoro, amor, preciosa, cielo, bonita”. Mientras que los que se les dirigía a los niños reforzaban su conducta ruda esperada de ellos: “tigre, gamberrete, fortachón, tragoncete, etc”; es decir, que incluso antes de que los niños hayan abandonado la Escuela Infantil ya absorben nociones estereotipadas sobre la masculinidad.
Una de las mayores características del género masculino es la violencia, la agresividad, se presenta como algo normal propio de los varones. Uno de los mayores éxitos de la cultura patriarcal es haber hecho del artificio omnipresente del androcentrismo algo que, por natural, resulta invisible, de manera que la identificación de los valores culturales no se ha hecho con los hombres, sino con lo general. Y, del mismo modo que la violencia como conducta social se ha hecho invisible. De manera que cada uno de los agresores ha sido considerado como un loco, un psicópata o alguien que estaba bajo los efectos de sustancias tóxicas –bien alcohol o cualquier tipo de droga- (Lorente, 2004). Pero muy pocas veces se lanzan cuestiones sobre el elemento principal, sobre los hombres que ejercen esa violencia y sobre los objetivos que persiguen y las motivaciones de las que parten. El varón vuelve a ser el gran ausente en unas conductas protagonizadas por él, para así evitar su responsabilidad social, tanto en la construcción de las conductas, como en la autoría de los casos.
Al hablar del hombre, como autor de las agresiones, no debemos incurrir en un nuevo error, y ocultar en él al hombre, o a los hombres, como responsable de la violencia de género. Es la cultura patriarcal, aquella desarrollada por los varones tomando como referencia sus propios elementos, valores y deseos, e identificada con la generalidad y lo natural, para así hacer de la masculinidad la cultura, la que parte de una concepción jerarquizada que lleva a la desigualdad y, en consecuencia, a la resolución de los conflictos de manera violenta, pues si existe desigualdad significa que hay una posición con más poder que otra, y, habitualmente, quien está en una posición de poder renuncia a resolver los problemas de manera consensuada y recurre a la imposición para obtener beneficios particulares, algo que, si además está legitimado por el componente cultural, no sólo parece natural, sino que además parece invisible (Hilberman, 1980; Connell, 1995). Es por ello que los hombres y la masculinidad tienen una doble responsabilidad en la violencia de género, que han de asumir para la solución definitiva del problema y hacia la que hay que dirigir medidas específicas, pues, de lo contrario, lo que interpretan como un conflicto permanecerá y sus manifestaciones se agravarán.
FEMINIDAD:
La feminidad según la RAE es la cualidad de femenino. / Estado anormal del varón en que aparecen uno o varios caracteres sexuales femeninos. Como podemos comprobar el androcentrismo sigue muy presente y vigente en nuestra Lengua, por ende, en nuestra sociedad, lo masculino es lo contrario de lo femenino. En esta oposición de binarios tan clara queda determinantemente definida la feminidad como rasgo específico de la mujer, y atribuir cualidades femeninas a un varón o a la inversa es atentar gravemente contra su ser y su intimidad. Este hecho es consecuencia de nuestra cultura androcéntrica, de la educación que hemos recibido y que hemos creído como única y natural como la vida misma, pero podemos afirmar que toda esta construcción social del mundo femenino y masculino es falsa.
No existen características exclusivas de ambos sexos, somos personas, y las personas independientemente al sexo que pertenezcan, varón o mujer, son de una determinada manera atendiendo a su sexo, y a la educación, circunstancias que rodean y han marcado su vida. Todo ser humano nace en un seno familiar, fruto del amor de una pareja, las circunstancias familiares y sociales son infinitas, como infinitos somos los seres humanos, no existe un modo determinado y único de ser persona, ni tampoco de ser mujer y varón. Ser persona es ser un ser humano mujer o varón con una identidad única y a la vez universal con un modo de ser, con un pensamiento, con unas creencias y un mundo determinado por su condición sexual, familiar, racial.
Aunque el diccionario no hable de maternidad casi nos atrevemos a decir que hablar de feminidad es hablar de maternidad, porque socialmente está muy determinado que la mujer será madre, y desde muy pequeñas las niñas cuidan, arropan y miman a sus muñecas y muñecos, como hacen sus madres y como harán ellas en un futuro. Evidentemente la naturaleza ha permitido que sea la mujer quien geste el fruto del amor, y quien dé a luz a un nuevo ser, pero un ser nacido del amor entre dos personas, entre una pareja (varón y mujer), por tanto, aunque sea ella quien dé a luz, porque la naturaleza así lo ha querido tienen que ser ambos por igual quienes cuiden, críen, eduquen y permitan crecer con amor y equidad a su hijo o hija.
Este vínculo tan estrecho entre feminidad y maternidad es el eje central de toda la construcción social del mundo femenino. La mujer nace con la misión de ser madre, y como madre debe luego responsabilizarse de su retoño, esto está unido a nuestra cultura patriarcal, la mujer es la cuidadora de sus hijos e hijas y de su hogar (tareas domésticas) y su vida se ciñe a la de un varón, es decir, que el mundo femenino es un mundo privado, doméstico y familiar, mientras que el mundo masculino es un mundo abierto al exterior, es un mundo profesional y a nivel personal la mujer complementa al varón con su amor, sus hijos e hijas y su hogar.
La evolución ha hecho que esta construcción social vaya cambiando y las mujeres adquieran independencia, estudien, trabajen fuera de su hogar y se formen profesionalmente, de forma que cuando deciden unirse a un varón para formar pareja, un hogar y una familia, ambos comparten la vida en todos sus ámbitos: profesional, familiar y doméstico, es decir, que las nuevas generaciones comparten sus tareas domésticas y familiares (hijos, hijas y otras responsabilidades).
Esto hace que aparezcan nuevas formas de feminidad, en el siglo XXI la mujer es independiente, se forma, trabaja dentro y fuera de su hogar y comparte con su pareja sus responsabilidades domésticas y familiares, pero aún sigue muy presente la exclusividad de la maternidad y el instinto materno como algo innato, en vez de cultural, que hace que las niñas desde muy pequeñas piensen en casarse y cuidar de sus hijos e hijas, primando esto por encima de todo, ya que culturalmente así nos lo han transmitido.
Las nuevas formas de feminidad presentan a una mujer independiente, formada profesionalmente y personalmente ella decide con su vida, sin condicionarse a un varón y si lo hace es por voluntad propia, por amor (fruto de nuestra cultura). Lo sorprendente es que ellos nunca van a ser exclusivamente padres y en muy rara ocasión su vida profesional queda condicionada por la personal, es como algo imposible, no es común, porque culturalmente así está establecido.
En el siglo XXI la feminidad es un rasgo que debe ser inherente a toda chica, y visto siempre en contraposición con la masculinidad. Ser femenina es ser sensible, cariñosa, comprensiva, amable, respetuosa, dependiente, sumisa, débil, coqueta, trabajadora, maternal. Por tanto, debemos concluir afirmando que existen nuevas formas de feminidad pero sin apartar de ellas el estereotipo tradicional femenino, al cual toda mujer por cultura está muy unida.

3-        Sexualidad responsable.

Para hablar de sexualidad responsable es imprescindible referirse en primer término a una Educación Sexual adecuada y efectiva. Una buena definición de ella es decir que la educación sexual consiste en la enseñanza tendiente a desarrollar la comprensión de los aspectos físico, mental, emocional, social, económico y sicológico de las relaciones humanas en la medida en que afecten a las relaciones entre hombre y mujer.
En la actualidad, la poca y deficiente educación sexual que reciben en general los niños se basa sólo en la cuestión anatómica (diferencias entre el varón y la mujer) y se habla de las relaciones sexuales sólo desde el punto de vista de la posibilidad de enfermar,  entregándose extensos temas sobre protección y anticoncepción.
No sirve brindar a los chicos clases aisladas y esporádicas. Será necesario sostener la educación sexual como una parte más del aprendizaje para la vida. Como todo conocimiento, los conceptos se apoyan unos sobre otros, a lo largo de los encuentros.
Por lo general, tanto los padres como los docentes y directivos de instituciones escolares, tienen muchos y muy fuertes tabúes sobre el tema de la sexualidad. La mayoría de las veces surge una negativa a permitir que los hijos reciban educación sexual de parte de profesionales de la educación.
Desde la perspectiva biológica, es claro que la sexualidad cumple una misión de supervivencia de la especie humana pretendiendo una única misión: reproducirse a sí misma de manera que nuevos individuos sustituyan a aquellos que mueran.

3.1.  Reproducción responsable.
La finalidad reproductiva de nuestra sexualidad determina de forma fundamental nuestra morfología. Nuestros órganos reproductivos así como muchos de los aspectos con los que vivimos, disfrutamos y sufrimos nuestra sexualidad están en íntima relación con ésta función reproductiva.
La forma del pene y de la vagina tienen definida su complementariedad por esta cuestión, la alta concentración de terminales nerviosos en el glande o el clítoris o la importante cantidad de transpiraciones que generan olores característicos son algunos de los ejemplos de cómo la evolución de los seres humanos, como del resto de los mamíferos, ha rodeado de múltiples atractivos una misión que, por el bien de la especie, debía realizarse con eficacia.
Todo esto genera una realidad que modela y en ocasiones atrapa nuestras conductas sexuales, pero no acaba aquí el condicionamiento de nuestra sexualidad. Se ha dicho que la naturaleza del ser humano es su sociabilidad, su cultura. Igual que determinados depredadores precisan de la sabana para sobrevivir o algunos reptiles necesitan que su medio posea un elevado grado de humedad, las personas garantizamos nuestra supervivencia conviviendo con otras personas, viviendo en sociedad.
Podemos definir el término cultura como el modo en que una sociedad o grupo de personas se organiza para sobrevivir como tal. Hemos de destacar que la forma en que se realiza la sexualidad de los miembros de cada sociedad tiene repercusiones fundamentales y básicas en muchos aspectos de su organización cotidiana y su supervivencia.
La sexualidad es un elemento clave para modelar muchos aspectos de la vida social. No sólo se trata del número de hijos «adecuado», también resulta importante el modo en el que se permiten las relaciones sexuales, la regulación de la natalidad, la permisividad o rechazo del aborto o el trato y el rango que se otorgan a la sexualidad de los seres que no tienen capacidad reproductiva (básicamente viejos y niños).
La sexualidad de las personas es organizada, educada y controlada de formas distintas en cada sociedad. No sólo se dictan normas y leyes de manera explícita, sino que también, soterradamente, los modelos sociales configuran los usos y consecuencias de nuestra sexualidad.
3.2.      Embarazos a temprana edad.
La edad media del período de la menarquía (primera menstruación) se sitúa en los 11 años,  aunque esta cifra varía según el origen étnico y el peso. El promedio de edad de la menarquía ha disminuido y continúa haciéndolo. El adelanto de la fecundidad permite la aparición de embarazos a edades más tempranas y depende por tanto no solo de factores biológicos sino de factores sociales y personales.
Las adolescentes embarazadas además de enfrentarse a la misma situación que cualquier otra mujer embarazada deben enfrentarse, a priori, con una mayor desprotección, con mayores preocupaciones sobre su salud y su situación socioeconómica, de manera especial las menores de 15 años y las adolescentes de países con escasa atención médica y nula protección social.
En los países desarrollados los datos de embarazos en la adolescencia confirman una relación con los niveles educativos más bajos, las mayores tasas de pobreza, y otras situaciones de inestabilidad familiar y social.
El embarazo adolescente en los países desarrollados se produce por lo general fuera del matrimonio y conlleva un estigma social en muchas comunidades y culturas. Por estas razones se realizan estudios y campañas con el objeto de conocer las causas y limitar el número de embarazos de adolescentes.
En países considerados en desarrollo o subdesarrollados y en particular en ciertas culturas, el embarazo adolescente se produce generalmente dentro del matrimonio y no implica un estigma social. La percepción social del embarazo adolescente varía de unas sociedades a otras e implica un debate profundo sobre aspectos del comportamiento, tanto biológicos como culturales relacionados con el embarazo.


3.3.      Implicaciones del VIH-SIDA en la vida personal y social.
El número de infectados se ha multiplicado en los últimos años y el patrón de propagación de la infección está cambiando afectando cada vez más a mujeres jóvenes, adolescentes y a recién nacidos.
Todo esto está ocurriendo en una región en la que, como lo ha revelado una reciente encuesta regional, el 70 % de las jóvenes entre 15 y 19 años no utiliza ningún método anticonceptivo, a pesar de que una gran parte de ellas se inician en la vida sexual a temprana edad.
Según estimaciones realizadas por las Naciones Unidas, en el año 2000 se reportaron 210 mil nuevos casos tanto en adultos como en niños.
Esto es un 13 por cierto más que en 1999, año en el que se estimaron unas 48 mil muertes causadas por el Sida. En 20 años la epidemia ha cobrado la vida de casi 560 mil personas en la América Latina y el Caribe.
Cada minuto, cinco personas entre los 10 y 24 años de edad son infectadas con el VIH. A nivel mundial, el segmento de estas edades representa al menos un tercio de todas las personas viviendo con VIH o SIDA.
El aumento de los infectados de SIDA es importante en la región. Latinoamérica está ubicada por detrás del África sub-Sahariana y Asia en la importancia de afectación de la enfermedad mundialmente.
De acuerdo a las Naciones Unidas, la enfermedad se manifiesta mayormente en el Brasil y los países del Caribe ¿excepto Cuba-, donde el 2% de la población se halla infectada.
¿Cómo comportarse ante personas con SIDA?
Es un tema sumamente delicado y complejo, el de cómo tratar a una persona con el virus del SIDA. La mayoría de las personas, frente a la situación de tener un amigo o familiar infectado, reaccionan de manera errónea; juzgándolos, hostigándolos con preguntas al principio, y abandonándolos en la soledad después. Esto ocurre por diferentes causas antes nombradas, como el prejuicio, el miedo y la falta de información. Por ende, es muy importante conocer bien la enfermedad, saber su forma de actuar, su modo de contagio, qué se puede hacer y qué no. También es muy importante referirse a las personas con el virus de manera adecuada, utilizando los términos correctos, que no contengan ninguna clase de tono despectivo.

Implicaciones sociales.
Una de las más graves consecuencias de esta epidemia es la discriminación de las personas que viven con el VIH/SIDA, por parte de los distintos sectores de la sociedad.
Esta discriminación, además de ser una lesión social, constituye una violación a la dignidad y a los derechos fundamentales de quienes se encuentran afectados por el virus, al negar, restringir o suspender los derechos que tiene todo ser humano. Al final del milenio no hemos sido capaces de entender que el Sida afecta la salud y la vida del ser humano, pero nunca su dignidad y sus derechos.
En sociedades como la nuestra, la discriminación puede llegar a ser algo cotidiano, aceptado y muchas veces fomentado, toda vez que se cree que existe la necesidad de remarcar las diferencias según el género, la edad, la preferencia sexual, la condición física o mental, la calidad migratoria y la situación jurídica. Por ello, en forma equivocada, algunos miembros de distintos sectores no sólo se consideran diferentes sino que, incluso, se consideran inferiores a los demás y, por lo tanto, creen que tienen menos derechos.
Implicaciones personales y familiares.
La enfermedad del VIH/Sida (Virus de Inmunodeficiencia Humana/Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida) no sólo afecta al paciente, sino también a quienes lo rodean.
El no contar con la información suficiente sobre la enfermedad, puede provocar rechazo entre los familiares, situación que puede traer como consecuencia la muerte de quien padece de VIH/Sida, tras caer en una depresión que lo puede orillar a quitarse la vida.
4.   Control y presión social en el desarrollo de la sexualidad.
4.1.      Presión y control de grupo.
A veces en el desarrollo de la sexualidad, la presión ejercida por los grupos de amigos y el control que ejercen estos sobre la vida de una persona puede influir fuertemente en el desarrollo de la sexualidad, y esto puede ayudar; o por el contrario, puede influir negativamente.

EL PAPEL DEL GRUPO DE IGUALES.
Una fuente importante para respaldar a los adolescentes es su creciente complicación con sus parejas.
Los jóvenes tienen rápidos cambios físicos, se sienten cómodos al estar con otras personas que pasan por cambios similares. En la búsqueda de la madurez social y emocional, los jóvenes cuestionan el valor de las normas de los adultos y la necesidad de una guia paterna, es consolador buscar consejos en los amigos que puedan comprenderlos.
El grupo de iguales es una fuente de afecto, simpatía y entendimiento; un lugar para experimentos y un medio de respaldo para el logro de su autonomía e independencia de los padres.
En un estudio de 75 estudiantes de secundario llevaron buscapersonas que sonaban a azar una vez cada dos horas durante todo el día, los resultados mostraron la importancia del grupo de iguales, más de la mitad de su tiempo libre con otros jóvenes (xxxx del tiempo), compañeros de clase 23% y sólo el 5% de su tiempo con sus padres.
AMISTADES:
¿De qué hablan tanto? Se podría preguntar un padre a un adolescente que ha estado en el teléfono por una hora con el mejor amigo al que no ha visto no más de dos horas antes, la habilidad de los amigos cercanos de compartir sus pensamientos interiores y sentimientos descansa en el desarrollo cognoscitivo, los adolescentes son más hábiles que los niños pequeños para expresar lo que piensan y sienten y, como son menos egocéntricos, pueden ser más susceptibles a los sentimientos y pensamientos que sus amigos comparten con ellos.
El respaldo emocional y el compartir confidencias son vitales en las amistades entre mujeres en la adolescencia y en su vida posterior.
Los hombres tienden a contar más como amigos que las mujeres, pero las amistades de los hombres son raramente tan cercanas como las mujeres.
La intimidad y la confianza de la “mejor amistad”, llenan el vacío creado por la separación de los padres, los jóvenes que buscan intimidad en una relación para compensar la ausencia de ésta en su casa, tienen menos posibilidades de encontrarla.
¿Cómo escogen los adolescentes sus amigos?
Tienden a escoger amigos que son muy parecidos a ellos y una vez se vuelven amigos influyen los unos en los otros para parecerse más.
Esta necesidad es la tendencia de los adolescentes a imitar el comportamiento el uno del otro y la influencia de la presión del grupo de iguales.
PRESIÓN DEL GRUPO DE IGUALES V/S INFLUENCIA PATERNA.
El poder del grupo de iguales, los miembros del grupo están constantemente influidos por el otro. Aun los más francos “incontrolables” siguen muy de cerca las costumbres de grupos elegidos.
Los adolescentes se vuelven seguros de sí mismos, se tornan más autónomos; están más resueltos a ajustar sus propias mentes y más decididos a tomar sus propias decisiones.
4.2.      Identidad y expectativas sociales (ser y estatus).
La identidad sexual.
Con el término identidad sexual se alude a dos conceptos bien diferenciados: primero, relativo a la identidad y a la sexualidad; segundo, más en relación con la experiencia interna de pertenecer a un sexo.
§  En el primer caso, que no se abordará en este artículo, numerosas investigaciones se centran en la identidad sexual como el auto concepto de cada persona según se relacionan el sexogéneroorientación sexualIdentidad de género y el conjunto de habilidades con las que esta persona se desenvuelve en su vida y en relación a la sexualidad. De ahí hablaríamos de distintas formas de organizar la identidad sexual dado el extenso desarrollo histórico de distintas identidades. Por ejemplo, la transexualidad, el travestismo u otras manifestaciones de roles de género pueden constituir identidades sexuales, desde la Teoría Queer.
§  Por otro lado, en el segundo caso, el cual se extiende en este artículo, la identidad sexual es la suma de las dimensiones biológicas y de conciencia de un individuo que le permiten reconocer la pertenencia a un sexo u otro, es decir, ser varón o mujer (ser macho o hembra) independientemente de la identidad de género (sentirse como hombre o mujer) o su preferencia sexual (orientación o inclinación sexual). Este concepto está en estrecha relación con la identidad de género, hasta el punto de que con frecuencia suelen usarse como sinónimos.
Formación de la identidad sexual.
§  La formación de la identidad sexual es un proceso complejo que empieza en la concepción, pero que se vuelve clave durante el proceso de gestación e incluso en experiencias vitales tras el nacimiento. Existen muchos factores y bastantes combinaciones de los mismos que pueden llevar a la confusión, pero la tradición en la mayoría de las sociedades insiste en catalogar a cada individuo por la apariencia de sus genitales.
§  Si, por ejemplo, socialmente se le asigna a una persona la identidad sexual de un hombre, pero sus genitales son femeninos, esta persona puede experimentar lo que se ha venido a llamar disforia de género, es decir una profunda inconformidad con el rol de género que le toca vivir.
§  Algunos estudios indican que la identidad sexual se fija en la infancia temprana (no más allá de los 2 ó 3 años) y a partir de entonces es inmutable. Esta conclusión se obtiene generalmente preguntando a personas transexuales cuándo se dieron cuenta por primera vez que la identidad sexual que les ha asignado la sociedad no se corresponde con la identidad sexual con la que se identifican.
Conflictos en la identidad sexual.
Muchas personas nacen con combinaciones de rasgos de los dos sexos, debiendo afrontar las complicaciones que surgen cuando la sociedad se burla o escandaliza de su físico -lo que suele ocurrir con las personas intersexuales- o insiste en asignar a un individuo un sexo con el que no se identifica -lo que ocurre habitualmente entre las personas transexuales.
En el caso de las personas transexuales, sus problemas suelen reducirse cuando pueden pasar por el proceso de reasignación de sexo, el cual incluye la cirugía de reasignación sexual, mal llamada "operación de cambio de sexo".
Por otro lado la identidad sexual suele intentar diferenciarse de la orientación sexual, en la que pueden darse individuos heterosexuales, homosexuales, bisexuales y asexuales. De igual manera que la orientación sexual, la identidad sexual no se puede elegir.
Equivocadamente, hay personas que definen la transexualidad con una homosexualidad extrema; es decir, según estas personas, una persona transexual ama tanto al otro sexo que acaba identificándose con él.
Sin embargo, investigaciones en sexología de la Universidad Libre de Ámsterdam apuntan a que la identidad y la orientación sexual son hechos absolutamente diferentes, por lo que pueden darse personas transexuales con diferentes orientaciones sexuales. De hecho, hay estudios que indican que más de un 30% de la población transexual es homosexual o bisexual, muy por encima al 5% ó 10% que suele darse en la población no transexual.


Expectativas sociales de la identidad (ser y estatus).

Estereotipos masculinos

La discusión acerca de las diferencias entre varones y mujeres, especialmente en Occidente no es unánime. Psicológicamente, la asociación tradicional de aptitudes y actitudes a un género normalmente se basa en suposiciones consolidadas por el hábito de la observación directa, de la actividad y personalidad de las personas de ambos géneros en el contexto social. Esta asociación se arraiga principalmente en la edad infantil.
Los estereotipos masculinos varían según el nivel cultural de la sociedad, la edad y el momento histórico. Por ejemplo, estudiantes y personas adultas definen de forma diferente lo que se considera masculino. Los estudiantes elaboran unos estereotipos de rol de género más claramente definidos que las personas adultas. Los estereotipos masculinos normalmente están más definido que los estereotipos femeninos. No obstante, esta asignación de características es cada vez más alejada de la realidad, por lo que los mismos estereotipos de género van cambiando paulatinamente, conforme al cambio de tareas tradicionalmente asignadas a uno de los dos sexos como, por ejemplo, la incorporación de la mujer al mundo laboral. Así mismo, el incremento de la actividad de las mujeres en los ámbitos deportivos propicia un cambio del estereotipo tradicional masculino.
Las sociedades y culturas orientales o más conservadoras, asumen muchos de esos estereotipos como lo que es o debe ser en el varón, pero la era de la globalización poco a poco los hace entrar en el debate. Entre los estereotipos más célebres se pueden enumerar:
§  Es más agresivo que la mujer.
§  Tiene un espíritu mayor de aventura y es más valiente ante el peligro que la mujer.
§  Tiene un espíritu de competitividad más amplio que el de la mujer.
§  Menos empatía y conciencia social que la mujer.
§  Una mayor seguridad personal, incluso al punto del orgullo y por lo tanto un mayor liderazgo que la mujer.
§  Menos emocional y más racional que la mujer.
§   Mayor capacidad técnica que la mujer.
§  Menos abierto al pensamiento abstracto que la mujer.
Muchos de estos paradigmas tienen fundamento científico, mientras que otros no. Por ejemplo, no es sencillo separar los elementos innatos de la biología masculina de aquellos que han sido influenciados por la cultura. En tal caso, la agresividad puede darse tanto en el varón como en la mujer de acuerdo al ambiente en que estos se desenvuelvan. La mayor masa corporal y muscular del varón y las culturas patriarcales contribuyen a acentuar el estereotipo de la agresividad masculina. Los grupos feministas en sus estudios señalan que en la violencia intrafamiliar, el abuso infantil, el maltrato infantil y la violencia contra la mujer, tienen como principal verdugo en la mayoría de los casos al varón tanto de países industrializados como en vías de desarrollo.
Algunos de estos estereotipos se asocian, en ocasiones erróneamente y en ocasiones acertadamente con los niveles de hormonas sexuales masculinas, como la testosterona, o la menor cantidad de hormonas sexuales femeninas, como los estrógenos. En el caso de la agresividad, tradicionalmente relacionada con el nivel de testosterona, algunos estudios indican que dicha relación no corresponde con sus resultados.

Estatus tradicional de las mujeres.

Desde que la historia ha sido escrita, los hombres han tenido dominio sobre la mujer en las sociedades.
El dominio masculino se remonta al paleolítico, ya que fue muy valorada la acción de la caza, la cual realizaban los hombres.

Antigüedad:
En la legislación romana el hombre y la mujer eran considerados uno, siendo la mujer la posesión y no teniendo poder alguno en sus tierras, su propia persona, su dinero y sus hijos. Las mujeres respetables debían ser castas y fieles, pero los hombres no.
En la Edad Media las tierras y el poder político eran heredados por vía masculina, lo que favorecía la subordinación de la mujer.
En Babilonia y Egipto, tenían derecho a la propiedad; en Europa formaban parte en los gremios y a veces en el carácter religioso (chamanes, curanderas siberianas, sacerdotisas romanas). Autoridad política: reinas egipcias y bizantinas, madres superioras de los conventos medievales y las mujeres de tribus iroquesas (designaban hombres para el clan).
En China y Roma en la época del renacimiento europeo destacaron algunas mujeres instruidas.

Religión:
Las religiones monoteístas están a favor de la idea de que las mujeres son más débiles e inferiores al hombre.
En la Biblia, San Pablo pide a las mujeres que obedezcan a sus maridos y Dios situó a Eva bajo el mandato de Adán, en estos momentos nos planteamos una pregunta: ¿Dios era machista?, nos basamos en el hecho, por ejemplo, que no hubiera ningún apóstol mujer, es posible que en todo el mundo, no hubiera una mujer digna de esa tarea, que ni una sola mujer fuera más adecuada para ese puesto que un hombre, aunque también podemos plantearnos esta otra pregunta: ¿Dios se adaptó a su tiempo y ya que la sociedad era machista pensó que las mujeres no serían respetadas?.
En el hinduismo la mujer debe adorar al hombre y dicen que esa adoración será la que los proteja y mantenga.

Familia:
La mujer se encuentra en desventaja en las familias tradicionales.
Su educación es limitada a las labores de la casa y no pueden presidir cargos de poder.
El matrimonio es una forma de protegerlas, pero que a la vez las presiona en dar a luz a sus hijos, los cuales se prefieren varones. La mujer casada obtiene el estatus del marido (en estas sociedades), vive con la familia de él y no dispone de recursos cuando suceden casos de malos tratos o abandono.

4.3.      Machismo y hembrismo.

Machismo:
El machismo, expresión derivada de la palabra macho, es el conjunto de actitudes y prácticas aprendidas sexistas vejatorias u ofensivas llevadas a cabo en pro del mantenimiento de órdenes sociales en que las mujeres son sometidas o discriminadas. Se considera el machismo como causante principal de comportamientos heterosexistas u homofóbicos. Aquella conducta permea distintos niveles de la sociedad desde la niñez temprana hasta la adultez con iniciaciones de fraternidades y otras presiones de los llamados grupos paritarios. Al respecto, el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define Machismo como la "Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres".
El machismo engloba el conjunto de actitudes, conductas, prácticas sociales y creencias destinadas a justificar y promover el mantenimiento de conductas percibidas tradicionalmente como heterosexualmente masculinas y, también, discriminatorias contra las mujeres. Algunos críticos consideran también machismo la discriminación contra otros grupos sociales percibidos como más débiles, como en el caso de hombres cuyo comportamiento, por ejemplo por tener una preferencia homosexual, no es "masculino" a los ojos de la persona machista. En todos los casos, la conducta preponderantemente masculina es la dominante.
Formas de machismo:
Tradicionalmente el machismo ha estado asociado a la diferenciación de tareas entre hombres y mujeres, y a la subordinación de las mujeres en muchas sociedades. En todas las sociedades que han existido, los hombres en general han tenido mayor poder y estatus que las mujeres. En las sociedades modernas, las actitudes machistas tratan de justificar la mayor comodidad, preponderancia y bienestar de los hombres.
En ese sentido, se considera que es fruto del machismo que el trabajo menos reconocido o menos fatigoso sea asignado a las mujeres. También es parte del machismo el uso de cualquier tipo de violencia de género con el fin de mantener un control emocional o jerárquico sobre ellas. De hecho, el machismo es considerado como una forma de coacción no necesariamente física, sino también psicológica, siendo esta forma de expresión protectora una discriminación, ya que se ven subestimadas las capacidades de las mujeres alegando una mayor debilidad.
Hoy en día el machismo está considerado como una opresión hacia el sexo femenino y una de las más importantes lacras sociales. El machismo no solo es causante directo de la violencia de género o violencia contra las mujeres, sino que a menudo lo es también de otros tipos de violencia doméstica.
El machismo, asimismo, castiga cualquier comportamiento que consideren femenino en los varones, lo que es la base de la homofobia. Ya que un comportamiento o preferencia sexual diferente de las que propugna típicamente el machismo, contribuye a diluir la diferenciación estereotipada del machismo.
El machismo es un conjunto de actitudes presentes no sólo en el comportamiento y pensamiento de los propios varones, sino incluso entre las mujeres.
Hembrismo:

El Hembrismo es tan sencillo como esto:

 La posición contraria del Machismo. Es el fenómeno de discriminación y subvaloración de los hombres por parte de las mujeres. Esto sí que es algo nuevo para nuestra sociedad (al menos el concepto, no la idea), donde el Feminismo degenera en Hembrismo.

Muchas mujeres suelen llamarse “Feministas” cuando en realidad siguen las ideas del Hembrismo. Una adolescente dice: SOY FEMINISTA pues ni un hombre me ha demostrado tener cerebro (ni siquiera mi papá). Cito sus palabras y remarco su gran error (ya es hora de que cambies tus ideas o que empieces a llamarte de otra manera).

El hembrismo es el conjunto de actitudes y prácticas sexistas de prepotencia y discriminación contra los varones, que implica una parcialidad favorable a la mujer.
Haciendo uso de este término se han criticado aquellas acciones llevadas a cabo por un sector del feminismo, aquel de tendencias más radicales, femicéntricas o misándricas. El feminismo de corte hembrista parte de un proceso de análisis parcial y selectivo de la discriminación sexual considerando únicamente dentro de la misma aquellos aspectos sociales e históricos que han perjudicado a la mujer, a la vez que mantiene en la invisibilidad los que han perjudicado a los hombres. Esta actitud es expuesta por los llamados grupos de presión, a través de los medios de comunicación.
Manifestaciones del hembrismo:
Se hace visible a través de:
§  Legislación discriminatoria: con desigualdad en los derechos de custodia de los hijos, legislación que toma en cuenta las necesidades de las mujeres sin considerar necesidades equivalentes en los hombres, prejuicios contra los hombres en el sistema judicial, como condenas más largas por los mismos crímenes, las víctimas masculinas de la violencia que no son escuchados, y otros temas.
§  Medios masivos de comunicación: mediante publicidad sexista que realza ciertas conductas como siendo las más adecuadas o típicas de los varones o muestra situaciones de abuso al hombre1 , a través de la nulo o mínima existencia de revistas o suplementos dedicados a temas masculinos como si los hay para la mujer, o la transmisión de imágenes que de cualquier forma resulten injustificademente tanto negativa hacía los hombres como positiva hacia las mujeres.

5.   Diferencias individuales en la sexualidad:
5.1.                 Heterosexualidad.
La heterosexualidad es una orientación sexual que se caracteriza por la atracción sexual o el deseo amoroso o sexual hacia personas de distinto sexo, en contraste con la homosexualidad y que suele distinguirse de la bisexualidad.
Además de referirse a una orientación sexual, el término heterosexualidad también se refiere al comportamiento sexual entre individuos de distinto sexo. Muchas especies animales (aquellas que tienen sexo y fertilización interna), entre las que se encuentra la especie humana, se reproducen mediante relaciones heterosexuales, a diferencia de aquellas en las que todos los individuos poseen ambos sexos, que son hermafroditas.
La heterosexualidad es la atracción persistente, tanto física como emocional, hacia personas del sexo opuesto. Es la forma más frecuente de expresión de la orientación sexual. Se llama orientación sexual a la atracción, tanto de tipo físico como afectivo, hacia personas del sexo opuesto (heterosexualidad), del mismo sexo (homosexualidad) o de ambos (bisexualidad).







5.2.                 Homosexualidad.

La homosexualidad es una orientación sexual y se define como la interacción o atracción sexual, emocional, sentimental y afectiva hacia individuos del mismo sexo.1 Etimológicamente, la palabra homosexual es un híbrido del griegohomós (que en realidad significa igual y no, como podría creerse, derivado del sustantivo latino homo, que quiere decir ‘hombre’) y del adjetivo latino sexualis, lo que sugiere una relación sexual y sentimental entre personas del mismo sexo, incluido el lesbianismo.
A pesar de que el término gay (que en inglés anticuado significa ‘alegre’) suele emplearse para referirse a los hombres homosexuales y el término lesbiana para referirse a las mujeres homosexuales, gay es un adjetivo o sustantivo que identifica a las personas homosexuales sin importar su género. Desde 1973 la comunidad científica internacional considera que la homosexualidad no es una enfermedad. Sin embargo, la situación legal y social de la gente que se autodenomina homosexual varía mucho de un país a otro y frecuentemente es objeto de polémicas.
El término homosexual fue empleado por primera vez en 1869 por Karl-Maria Kertbeny, y el libro Psychopathia Sexualis de Richard Freiherr von Krafft-Ebing popularizó el concepto en 1886. Desde entonces, la homosexualidad se ha convertido en objeto de intenso estudio y debate: inicialmente se catalogó como una enfermedad, trastorno o patología que había que curar, pero actualmente se entiende como parte integral necesaria para comprender la biología, psicología, política, genética, historia y variaciones culturales de las identidades y prácticas sexuales de los seres humanos.
¿La homosexualidad es una enfermedad?
No. Simplemente es una de las formas de expresión de la orientación sexual. Se llama orientación sexual a la atracción, tanto de tipo físico como afectivo, hacia personas del sexo opuesto (heterosexualidad), del mismo sexo (homosexualidad) o de ambos (bisexualidad). Durante la adolescencia la orientación sexual está en formación y puede no estar aún definida, por ello en este periodo es muy frecuente sentir atracción hacia personas del mismo sexo. Si esto persiste a lo largo del tiempo ya se podría hablar de una orientación sexual homo o bisexual.
¿Se puede considerar que hay una orientación sexual "normal" y otra "anormal"?
No. Lo que sucede es que la heterosexualidad es la forma de orientación sexual más frecuente. Pero el hecho de que sea mayoritaria no implica en modo alguno que sea el único tipo de identidad sexual posible, como ya se ha mencionado.





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